Se trata de un arcón que daba pena: se había roto por la cerradura y le habían atornillado otro sistema de cierre, que también se había roto con el tiempo; tenía un golpe fuerte en una esquina; la fibra había sido vencida por las bisagras que ya ni estaban…
Al interior de la tapa se le ha dado toda una capa de fibra de vidrio para reforzarla, eso ha sido fácil. Lo más difícil ha sido restaurar los agujeros, pues la superficie exterior es muy rugosa, como de un granulado a bolitas, a juego con el resto de la caravana, y se habría notado mucho si simplemente se hubiesen cubierto los agujeros con masillas dejando lo nuevo liso.
De manera que se han sacado moldes de yeso de partes adyacentes y luego se han utilizado esos moldes para rellenar de fibra las zonas faltantes.
Aquí el estado inicial de la cosa:



Aquí los materiales para los moldes: yeso vivo y agua.

Se va espolvoreando yeso sobre agua y agitando hasta que queda una cierta textura. Aquí la textura a la que debe quedar la mezcla antes de dejarla reposar unos minutos para que empiece a reaccionar.

Primero se van echando capas finas mientras el yeso aún está lechosillo, para que se adapte bien a la forma de la superficie, y luego cada vez más gordas a medida que va secando el yeso para que resulte en una buena capa que configure un molde resistente:



Cuando ha fraguado el yeso, tras unos minutos, se puede despegar el molde con golpecitos suaves.

Luego toca preparar el agujero a reparar, quitando restos rotos y dejando bordes lisos.
Y también toca preparar el molde. Para que no se le adhiera luego la fibra de vidrio, hay que embadurnarlo bien de jabón, por ejemplo de lavavajillas, con un pincel suave y en pasadas cortas y rápidas dejando secar entre capa y capa (para no estropear el molde, porque al darle con el jabón el yeso tiende a reblandecerse un poco). El yeso absorbe mucho los líquidos, de manera que tendremos que darle unas cuantas manos hasta que veamos que ya no absorbe el jabón y se le queda una fina capa al secarse éste.
Otro detalle, y ésta es quizás la parte delicada, es que tendremos que marcar el molde en el agujero ya limpio, y rebajar uno o dos milímetros lo que sobresalga de lo marcado (en la foto, la flechita), porque ese es el grosor de las formas de la chapa, y si no rebajáramos ese poco resultaría que lo nuevo sobresaldría ese tanto.
Aquí ya se ve el agujero recortado y el molde marcado, rebajado, embadurnado de jabón y ya utilizado, pues ya se ha rellenado el hueco con fibra de vidrio:


Aunque para hacer este brico se recomienda ya haber trabajado con fibra de vidrio alguna vez, para quien no lo sepa, o se atreva a hacerlo de todos modos, la fibra de vidrio viene en una tela de fibra más un líquido con secante. Con el molde ya firmemente situado ante el agujero a reparar, primero le di al molde una capa de líquido con secante, luego le añadí unas capas de tela que fui mojando de líquido con secante, con un pincél, unas tres capas de tela en total para reforzar la zona, dos del tamaño del agujero a reparar, y otra más por dentro del arcón en una zona mayor, para darle más resistencia a lo reparado.
Luego toca rellenar imperfecciones en la junta entre el arcón y lo reparado y pintar:

Y luego volver a retocar imperfecciones, darle una mano final, y montar las bisagras y la cerradura nuevas:

Ale, a otra cosa, mariposa, que tengo aún mucha faena con ésta.
P.D.: ya sé que un arcón nuevo vale 100 euros, y que entre materiales y mano de obra reparar éste ha costado el doble, pero ¡no me vais a decir que es lo mismo!






